Todo fluye, relájate

Cierra los ojos. Respira sintiendo cómo el aire entra en tus pulmones, cómo los expande y cómo todo tu cuerpo se llena de vida. Saca el aire suavemente, relaja los músculos, destensa tu cuello, sube lentamente los hombros, mantenlos ahí un momento. Vuelve a jalar aire y baja los hombros. Deja los pensamientos a un lado, no les hagas caso. En este instante, lo único que importa es tu respiración. Busca en tu interior esa conexión con lo sagrado que sabes que está ahí, que te hace sentir pleno, que te hace saber que no estás solo, que te mueve con el fluir de la energía del universo. Déjate llevar. Respira. Abre lo ojos y sigue tu día.

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