La angustia por la muerte

Conforme la humanidad se fue sofisticando, también lo hicieron los infiernos. Históricamente, Sumeria es el primer lugar donde encontramos más detalles de la vida después de esta vida. Los sumerios comenzaron a reflexionar qué era lo que pasaba una vez que el alma deja atrás el cuerpo.

El fantasma de Enkidú, amigo de Gilgamesh, fue uno de los primeros hombres que regresó para contar lo que había visto en el infierno. Su relato es desalentador porque, además de describir cómo se comen su cuerpo los gusanos y cómo se llenan de polvo sus restos, cuenta el destino final de algunas personas:

El que tuvo un hijo “delante del clavo amargamente llora”, otro “come pan”, uno más “bebe agua” y no falta aquel que “no tiene su alma descanso en la tierra”.
La vida del más allá es sólo una prolongación de lo que ya se ha vivido. En la muerte, todavía no existe el peso de una carga moral, aún no se habla de castigo para los malvados ni premios para los bondadosos.

Sería hasta que la antigua cultura egipcia creara el concepto de Maat (del balance universal) que se empezaría a juzgar a los muertos; pero lo veremos con más detalle en la siguiente parada de este recorrido que estamos haciendo por los inframundos.

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