Viajes al inframundo

Conforme las sociedades humanas se volvieron más complejas al paso de los siglos, los infiernos también se fueron sofisticando, fueron ganando elementos que los volvieron más intrincados, como geografías, habitantes endémicos y guardianes. La función principal de estos últimos no sólo era evitar que algún muerto escapara, sino cuidar que de preferencia ningún vivo entrara.

En Occidente, sobre todo en la Grecia antigua, es evidente que los inframundos no son invulnerables. Basta una breve lista para ver que muchos entraron y regresaron a contar lo que vivieron: Heracles, Odiseo y Tiresias, por mencionar algunos. El reino de Hades no es tan tranquilo como se supondría. La misma Perséfone, esposa del dios subterráneo, se toma varios meses de descanso cada año para pasearse bajo los rayos del sol.

El Hades incluso tiene dos niveles: el primero donde están apiñadas las almas de los muertos en general y uno más profundo, llamado Tártaro, donde están encerrados los titanes (tíos y enemigos acérrimos de Zeus).

Uno de los visitantes más famosos y desgraciados del inframundo fue Orfeo, quien bajó para recuperar a su amada Eurídice; parecía que lo había logrado con su hermoso canto porque incluso conmovió a las Furias. Sin embargo, justo antes de salir, la duda le arrebató para siempre el amor.

En la siguiente publicación conoceremos la Eneida, antecesora de ese poema épico que sería el parteaguas de las ideas occidentales sobre el inframundo (nos referimos, obviamente, a La Divina Comedia). (4/9)

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