El corazón del Odinismo

No doblamos nuestra rodilla para suplicarles a los Dioses y a las Diosas. No les rogamos que hagan las cosas por nosotros, sino que les pedimos fuerza para hacerlas nosotros mismos. No necesitamos ni pedimos el perdón de nuestros Dioses. Tampoco nacemos en el pecado. Nacemos para ser lo mejor que podemos ser.

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