Ásatrú y paganismo

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Cuando el mundo era joven, los pobladores del norte de Europa empezaron a redirle culto a unos dioses indómitos, como las condiciones en las que vivían. En su origen, los dioses nórdicos estaban completamente ligados a los fenómenos naturales, pero conforme la gente se fue sofisticando, así también fueron descubriendo nuevos aspectos de sus divinidades, que desde entonces han conservado su rudeza. Esta religión no tuvo un nombre específico durante miles de años porque no hacía falta, así concebían el mundo, bastaba con dirigirse directamente a Thor, a Wotan, a Freyja, a Njörder o a Heimdall para obtener su favor; cada uno se entendía a su manera con ellos y no había dogmas.

Sin embargo, todo empezó a cambiar en el 8 de junio de 793 con el saqueo del monasterio de Lindisfarne en Inglaterra. La historia marca esa fecha como el inicio de la Era Vikinga porque fueron casi 300 años de invasiones y saqueos continuos a ciudades, pueblos y villas cristianas que temblaban de terror ante las atrocidades que cometían los bárbaros del Norte. Justamente, los cristianos hicieron mucho énfasis en las diferencias que los separaban, como su Dios único y “verdadero” en contraparte a la multitud de dioses nórdicos que a partir de entonces se conocieron como “paganos“.

Volvamos al presente, la palabra Ásatrú es un neologismo utilizado por primera vez en 1870 por el pianista noruego Edvard Grieg en su ópera Olaf Trygvason; el término significa “fiel a los dioses Æsir” y sus prácticas religiosas son una reconstrucción del culto ancestral de los paganos. Como religión ha sido reconocida en Islandia (desde 1973), Noruega (desde 1994), Dinamarca (desde 2003), Suecia (desde 2007) y España (desde 2007). Sus practicantes se encuentran distribuidos por todo el mundo, son espíritus libres y salvajes que no admiten sometimiento alguno; por ello, no existe un dogma o corpus canónico que defina creencias y rituales, cada individuo o kindred (comunidad) se comunica con sus dioses de acuerdo a su conciencia. Sin embargo, existen coincidencias como la profunda conexión que se tiene con los ancestros, el gran respeto que se tiene con la naturaleza, la responsabilidad que cada quien tiene sobre sus acciones, la conexión directa que se tiene con los dioses y un intenso sentido del honor.

Por último, como curiosidad lingüística, existen dos términos anglos que se usan para referirse a los paganos: pagan y heathen. La raíz etimológica de pagan es el latín paganus, que significa “aldeano, rústico, civil”; es decir, gente que vive en el campo. Por su parte, heathen proviene del nórdico antiguo heiðinn, que significa “habitante del campo”. A primera vista, ambas significan lo mismo y se usan de igual manera, con cierta carga despectiva, para referirse a los invasores “ignorantes” que, además, no aceptaban el cristianismo por aferrarse a sus creencias antiguas (cuando llegó el momento de dejar las guerras atrás).

En español, ambas se traducen como pagano por igual; pero los angloparlantes (en especial quienes están vinculados con alguna religión nórdica/germánica/celta/wicca) prefieren usar el término heathen por considerarlo más cercano y, sobre todo, para rechazar el mote de los cristianos. Los heathens modernos siguen defendiendo su derecho a nombrarse a sí mismos y a rechazar cualquier yugo que quieran colgarles.

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